Finalmente quisiera resaltar el hecho de que todos en algún momento de nuestra vida habremos experimentado, que, si el amor nos atrapa, todo el universo resplandece.

En nuestra tercera y última consideración respecto a la importancia del corazón y del mundo de los afectos y sentimientos no nos olvidemos que el ser humano es por naturaleza relacional. Los conocimientos neurobiológicos nos dicen que estamos hechos para vivir en un ambiente de resonancia social, de cooperación y de empatía. Dicho de otro modo, necesitamos vivir en un ambiente de amabilidad social

 

Las relaciones satisfactorias son necesarias

Para que podamos hablar de una vida lograda o malograda hemos de tener muy en cuenta el ámbito de relaciones en el que se desarrolla nuestra vida. Un trabajador puede ser más o menos eficiente; si es servicial, tiene buenos modales y un buen trato cara al público, desempeñará mejor sus tareas. Cuando no tenemos un buen día nos apetece estar solos o incluso dar rienda suelta a algún afecto primario. Sin embargo, incluso en ese tipo de situaciones, tenemos que recordar que los demás no tienen la culpa de nuestros problemas. Una persona madura sabe dominar con señorío sus propios conflictos, su disarmonía momentánea, para no dejar que su mal momento personal influya en su trato hacia los demás. 

Por naturaleza el ser humano, desde su nacimiento, está orientado hacia unas relaciones parentales y sociales satisfactorias. Hoy sabemos que para el buen desarrollo del niño necesitamos tanto la leche materna como su buena atención relacional. Es precisamente esta buena atención lo que hace que se activen y actúen ciertos genes importantes para su buen desarrollo.

 

El buen desarrollo de un niño está ligado al afecto

Los nuevos conocimientos neurobiológicos nos constatan sin ambages que el recién nacido demanda, para calmarse y tranquilizarse, un ambiente que le regale cariño. La causa de este hecho es muy sencilla: nada más nacer, el sistema anti-estrés del niño todavía está bloqueado. Las muestras de afecto y de cariño, la atención constante, hacen que desaparezcan estas barreras, activando los sistemas anti-estrés que le protegen. Durante los dos primeros años, el niño depende más que nunca de una relación «diádica», persona a persona, lo que equivale a decir que necesita una relación muy personalizada con su madre, padre o cuidadores. De este modo se irá formando convenientemente su «yo» y los genes se activarán cooperando a su buen desarrollo.

El proceso que acabamos de describir lo demostró el neurobiólogo canadiense Michael Meaney, de la Universidad McGill de Montreal, al comprobar que a través de la atención empática y la dedicación cariñosa de la madre y del padre, así como de los abuelos y otras personas, se activan los genes contra el estrés. Si se les acuna, acaricia y atiende cariñosamente, se impide que se eleven los niveles de la hormona cortisol que influirían negativamente en el desarrollo del niño.

 

La realización personal sólo ocurre a través del encuentro

Podemos afirmar, por tanto, que el trato cercano y cariñoso hacia los recién nacidos influye decisivamente para que el niño goce de una estabilidad emocional saludable y se pueda defender en la vida ante situaciones difíciles. En caso contrario, sería propenso a depresiones y otras muchas enfermedades. Llegamos pues a la conclusión de que ya desde muy pequeños dependemos en gran medida de las buenas relaciones sociales.

El gran filósofo judío Martin Buber (1878-1965) dedicó sus estudios a la comunicación entre personas. Siendo muy pequeño, sus padres se separaron, quedándose a vivir con los abuelos. Tal vez este hecho le marcó, y de ahí su temática vital: el encuentro. Su principal empeño fue el de destacar la importancia del diálogo, de la relación interpersonal, de los valores, de la verdad, de lo humano entre los hombres, algo que resumió en la frase: «Yo me hago gracias al Tú» (Ich werde am Du). Buber afirma que solo la presencia del Tú permite al Yo devenir en sí mismo junto a Él. La realización solo ocurre a través del encuentro.

 

El “encuentro” requiere de un corazón lleno de amor

Para finalizar queremos recordar una vez más que el ser humano al amar con todo su corazón, es decir con todos sus afectos, sentimientos y con todo su ser, es capaz de vitalizar cada gesto y cada vivencia. Se nota en el destello de sus ojos, en su nueva esbeltez al caminar. Los poetas han descrito y cantado con frecuencia esta situación maravillosa. Pensemos en la frase del gran poeta alemán Friedrich Hölderlin quien se preguntaba: ¿Qué es todo lo que los hombres han hecho y pensado a lo largo de miles de años, en comparación con un momento de amor?

El valor de una vida humana no se deduce de su duración, ni del rango social que haya alcanzado, sino del amor del que se nutre. Nuestra vida vale tanto como nuestro amor. A la hora del gran juicio, no se pesarán las inteligencias, ni las obras en cuanto tales, ni los gestos o las palabras. Se pesará el corazón, el núcleo vivo de la persona humana. Como dice San Juan de la Cruz, “a la tarde te examinarán en el amor”.