El error es humano (errare humanum est), así decían los antiguos romanos. Esta sencilla frase nos recuerda una verdad indiscutible: ninguno de nosotros estamos vacunados contra el error. Parece como si reconocer esta realidad, aceptar que hemos cometido un fallo, nos convirtiera en seres más débiles. Sin embargo, es realmente al contrario: reconocer los propios errores es una clara señal de fortaleza humana. Significa que somos capaces de mirar a nuestro interior, aceptar que podemos equivocarnos y, desde ahí, solucionar eficazmente el error cometido.

A veces nos exigimos cosas que nos superan, tan solo por corresponder a las expectativas de una persona o de un colectivo.

Un entorno psicosocial favorable fomenta el buen rendimiento y el desarrollo personal, así como el bienestar mental y físico del trabajador. Pero ¿qué ocurre cuando dicho entorno no es tan favorable y alguien pretende corresponder a unas expectativas que exceden sus capacidades de compromiso? Esas expectativas –del jefe, del cónyuge, de un nuevo cliente, e incluso fruto de la imagen que nos hemos hecho de nosotros mismos- podrían ser reales, pero también falsas, por ser producto de nuestra imaginación o de un mundo ficticio o perturbado.

En muchos casos los modelos propuestos por la cultura contemporánea son ciertamente difíciles de imitar. Y nos llevan al error.

Basta pensar en las tallas de ropa propuestas por las pasarelas de moda. O en los horarios laborales ilimitados de algunas auditorías o bancas de inversión que operan en todo el mundo. Los rostros de los maniquíes, desde los escaparates de las tiendas, nos contemplan con una actitud y unas facciones inimitables. El listón siempre está más arriba de donde estamos nosotros. Auditores, bomberos, pilotos, controladores aéreos, deportistas de élite, economistas, ejecutivos, profesores, periodistas, programadores informáticos, amas de casa o empleadas de hogar, todos ellos deben adaptarse a los nuevos cánones de la presión social o de las relaciones sociales y laborales. ¿Cómo sobrevivir en ese jardín que hemos convertido en selva, huyendo de unos plazos de tiempo que parecen perseguirnos a gritos, exigiendo que las cosas estén hechas ya, hoy y ahora?

Se trata de aceptarnos como somos, con nuestras limitaciones y debilidades. Libres de esa angustia que nace de nuestras «representaciones limitadoras», pero con el deseo de crecer y madurar de acuerdo con nuestras posibilidades.

El que quiere de verdad puede más de lo que piensa.

El que quiere, sabrá desenvolverse con más sabiduría y elegancia en medio del barullo que nos envuelve a diario. Ante situaciones que resquebrajan nuestro afán de seguridad, como por ejemplo un accidente o una enfermedad.

Quien ha quedado hemipléjico por un accidente y, gracias a una rehabilitación disciplinada y sacrificada, logra recuperar parte de su movilidad, gozará por lo general más que quien le acaba de tocar un buen premio en la lotería. El fruto del esfuerzo siempre tiene un plus de valor y contribuye con más intensidad a la verdadera felicidad de esa persona.

El reto, por tanto, consiste en saber actuar con serenidad y confianza en medio de los avatares diarios

Por lo tanto, es importante llevar una vida que nos ayude a disfrutar más de lo bello de este mundo. Y considerar las cosas desde un ángulo más sereno, sabiendo ver el error como una oportunidad para aprender. Así, sabremos levantarnos después de cada tropiezo, de cada caída, para seguir viviendo con serenidad, a pesar de los numerosos errores y equivocaciones que hayamos tenido.

¿Cabe imaginar a alguien de ochenta años aprendiendo chino? Ciertamente no sería posible si se limitase a acudir a una escuela de idiomas. Pero la cosa cambia si ese señor se enamora de una china de sesenta y cinco años con la que compartir su vida matrimonial en Jinzhong. Gerald Hüther y otros investigadores del cerebro han podido demostrar la recíproca permeabilidad entre el cerebro y los centros emocionales. Es la capacidad de entusiasmarnos lo que contribuye, de manera decisiva, a que el cerebro desarrolle todo su potencial. Así sí se puede aprender chino.