Nuestra propia sonrisa y la de los demás nos hace sentir mejor. Con solo mover los músculos faciales, podemos modificar nuestro estado de ánimo y la percepción del momento. En la actualidad, la Psicoinmunología reconoce que lo que pensamos y nuestras emociones repercuten en nuestra salud. Ya nos lo advertía Gandhi hace muchos años: “Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino”.

 

La sonrisa nos protege

En los años sesenta del siglo pasado, el médico psiquiatra americano William Finley Fry, mientras veía una película de “el Gordo y el Flaco” decidió estudiar todo aquello que ocurre en el cuerpo humano al reír, sonreír o estar de buen humor. Hoy podemos considerar a Fry, fallecido en mayo de 2014, el fundador de la Gelotología (del griego gelos, risa y logos, tratado: tratado de la risa). El experimento de Fry consistió en lo siguiente: según veía la película de los geniales cómicos norteamericanos, se le extraía sangre a intervalos que posteriormente fue analizada. Se comprobó que, el acto de reír, había aumentado la producción de leucocitos o glóbulos blancos, las células del sistema inmunitario que protegen nuestro organismo de infecciones y otras enfermedades. Con posterioridad, se ha comprobado que la risa activa procesos biológicos muy variados que también contribuyen a nuestras defensas. En resumen: la sonrisa nos protege.

Nadie nace cenizo o cascarrabias, pero podemos terminar siéndolo. En realidad, tendemos a la sonrisa, al buen humor, y debemos poner los medios para no perderlos, para desarrollarlos. Todos estamos capacitados para iluminar nuestro rostro y el de los demás, haciendo que la sonrisa sea el espejo del alma y logrando, de este modo, que el mundo se convierta en un lugar más bello.

 

La sonrisa es contagiosa

Además, la sonrisa es contagiosa porque en el cerebro existe un sistema de neuronas espejo que la reconoce. ¿Por qué me río cuando tú te ríes? Entrar en resonancia con alguien significa compartir el estado de ánimo de esa persona. Una sonrisa auténtica puede influir considerablemente en la política o en la economía. Es más, a nivel profesional los efectos de la resonancia pueden ser decisivos para el éxito o el fracaso de una gestión. Las neuronas espejo nos permiten compartir nuestras emociones. Es como si se produjese, entre diferentes personas, lo que los expertos en Neurobiología denominan join attention, algo que están contemplando ambas partes conjuntamente y cuya mirada o pensamiento se focaliza en el mismo acontecimiento o en el mismo objeto.

Finalizamos esta breve reflexión sobre la risa, la sonrisa y el buen humor parafraseando al gran psiquiatra vienés Viktor Frankl: “En el momento en el que el paciente se ríe, aunque tan solo sea internamente, habrá ganado el juego. Porque esa risa, como todo sentido del humor, crea distanciamiento, hace que el enfermo se distancie de su neurosis. Y nada es tan capaz de poner al hombre en posición de crear una distancia entre sí mismo y algo como puede serlo el buen humor” (Frankl, Psicoanálisis y existencialismo). Haciendo hincapié en esta misma idea, el gran psicólogo y pedagogo estadounidense Gordon Willard Allport afirmaba que “el neurótico que lograra reírse a gusto de sí mismo, ya estaría en camino hacia la curación”.