El gran filósofo de la Grecia clásica Platón, afirma en su libro Critón: “No se trata tan sólo de vivir, sino de vivir bien”, de llevar una vida buena.

Vivir bien parece ser algo muy fácil pero cuántas veces en la vida, lo más fácil es lo más difícil porque fácilmente nos dejamos llevar por un estilo de vida que perjudica considerablemente nuestra salud.

¿Sabes que tu estilo de vida puede hacerte enfermar no solamente a ti sino también a tu pareja, a tus amigos o a tus hijos? Numerosos estudios científicos revelan, por ejemplo, que un ambiente familiar estresante produce un impacto negativo sobre el desarrollo del niño. En un hogar en el que los ataques de ira son frecuentes y abundan los gestos de intimidación, el sistema inmunológico se ve afectado y las defensas naturales contra todo tipo de enfermedades, ¡disminuyen drásticamente!

Vale la pena vivir en armonía consigo mismo porque conducir un estilo de vida que nos permita autogobernarnos es, determinante para la salud. Con el autogobierno alcanzaremos muchas cosas en la vida; sin él, casi nada.

Recordemos que en el cerebro podemos distinguir dos sistemas fundamentales que han de intervenir complementándose armónicamente. Por un lado, el sistema basal, que actúa de abajo arriba (bottom-up), conocido vulgarmente como reptiliano y que nos hace desear instintivamente una chuche, un dulce, un videojuego, un estímulo mediático o cualquier otra cosa que queremos de modo imperativo en este preciso momento, y todo ello sin reflexionar sobre esos deseos espontáneos y perceptivos.

Por otro lado, está el sistema que actúa de arriba abajo (top-down), localizado en las redes neuronales del cerebro prefrontal o corteza prefrontal y que son las que van a integrar armónicamente los impulsos del sistema reptiliano. No se trata de reprimirlos o de controlarlos de modo ciego, sino de integrarlos en la totalidad de la persona.

La alegría de vivir y de saber disfrutar de las buenas cosas de la vida es esencial para nuestra salud.

Por eso se entiende fácilmente que aquellas personas que saben autogobernarse, es decir, que saben vivir en armonía consigo mismas, lleven una vida más lograda, una vida eudaimónica y no hedónica, como diría Aristóteles.

Por lo tanto, si llevamos un estilo de vida en el que predomina el mandato del sistema reptiliano, es decir el mandato hedónico y no la invitación eudaimónica, el modo de vivir hedónico, y esto está ampliamente demostrado con datos científicos, es mucho más propenso, no solo a tener las diferentes formas de hepatitis, sino también a que diferentes células del cuerpo humano se conviertan en cancerígenas. Dicho de un modo más claro, un estilo de vida hedónico favorece la aparición prematura de enfermedades tan graves como pueden ser el cáncer, enfermedades cardiovasculares o cerebrales tales como la demencia.

Ciertamente el consumo de drogas tanto legales como ilegales puede darnos la falsa impresión de que vivimos bien, pero esto es una ficción, es querer vivir en un mundo virtual y la felicidad tan solo se da en un mundo real.

Para llevar una vida eudaimónica, lograda, he de respetar la naturaleza humana. En este sentido me gusta repetir la frase, Dios perdona siempre, los hombres a veces sí y otras no, ¡pero la naturaleza humana no perdona nunca!

De lo dicho se desprende que hemos de hacer buen uso de nuestro cerebro que como bien sabemos goza de una gran plasticidad. El cerebro es sumamente maleable y moldeable y nos permite aprender cosas nuevas durante toda la vida. Pienso que esta capacidad que tenemos todos los seres humanos de aprender cosas nuevas durante toda la vida, es algo maravilloso.

De acuerdo con Jon Kabat Zinn, el creador de la técnica de reducción de estrés y atención plena, hemos de “aprender a surfear cuando no podemos parar las olas”.

En ese sentido El reto consiste en encontrar el camino que mejor se adecúe a tu gran potencial de desarrollo para llegar a alcanzar tu excelencia. ¡¡¡La excelencia comienza en ti!!!. De aquí la importancia de entender bien la interdependencia que existe entre el estilo de vida que llevo y mi salud, pues como acabamos de ver, el estilo de vida influye poderosamente como factor regulador de la salud. Tener en cuenta este enfoque de la vida nos evitará muchos problemas en la vida. Los nuevos conocimientos de la Neurobiología y de la psiconeuroinmunología clínica nos ayudan dándonos cada vez nuevas pistas para vivir la vida con más plenitud y salud, y salvo excepciones muy contadas, está en nuestras manos y en las de nadie más.

Pero ¿qué ocurre cuando nos metemos por lo que el filósofo alemán Martin Heidegger, denominaba Holzwege, es decir, por caminos fáciles cortoplacistas buscando tan solo nuevas sensaciones sin saber autogobernarse?, ¿dañando de este modo nuestro cerebro y en general nuestra salud?

Esto tiene grandes consecuencias para nuestra sociedad, en la que la adicción a los medios digitales se ha generalizado. Basta con oír la vibración o ver la iluminación del smartphone, que fácilmente nos distrae y nos aparta de lo que estábamos haciendo; pero, lo más grave es, cuantas veces actúa sobre nosotros manipulándonos, de acuerdo con la famosa estrategia del palo y la zanahoria. Se promete mucha gratificación, mucha segregación de dopamina, pero al precio de ir adquiriendo actitudes pasivas e incluso con el paso del tiempo enfermedades de todo tipo.

Jean Twenge, catedrática de Psicología de San Diego en California publicó el año pasado un libro con el título: “iGen: por qué los chicos hiperconectados están creciendo menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y completamente inmaduros”. El título resume sus conclusiones después de haber analizado diferentes encuestas y entrevistas con nada menos que 11 millones de jóvenes estadounidenses.

Y en un artículo escrito en la revista Atlantic, de septiembre del año 2017 se pregunta: Los smartphones, ¿han destruido toda una generación? ¿Están al borde de una crisis de salud mental? Sostiene que los chavales que han estado hiperconectados toda su adolescencia e incluso parte de su infancia llevan camino de convertirse en los más infelices y dependientes de la historia reciente.

Es importante, no obstante, evitar exagerar las diferencias entre generaciones. No es como si de la noche a la mañana los niños se despertasen y parecieran llegados de otro planeta, pero también es cierto que el número de niños que acuden al psicólogo o al psiquiatra ha aumentado, y eso, a pesar de que los padres se ocupan con gran diligencia de ellos y ponen toda la carne en el asador por ellos.

Jean Twenge remata sus análisis con una conclusión inquietante y alarmante: “No hay una sola excepción. Todas las actividades de la pantalla están vinculadas a menos felicidad, y todas las actividades que no están en pantalla están vinculadas a más felicidad”.

Y, como consecuencia de la hiperconectividad muchos niños se encierran en un narcisismo problemático en el que lo importante es el image, la imagen que dan. ¿Qué piensan los demás de mí? ¿Cómo puedo dar el pego? ¡¡¡Pero ojo!!! El narcisista en realidad no se quiere a sí mismo sino tan solo a su imagen y de este modo se muere el joven griego narciso. ¿Cuántos likes y cuantos comentarios tengo? Narciso era pastor y con él se pierden las ovejas. Falta de responsabilidad. ¡El que tan solo está ocupado de sí mismo difícilmente tendrá responsabilidad por el bien de los demás!

La salud que nos aconseja la Neurobiología va en dirección contraria al Narciso y esto por una razón bien sencilla, porque el cerebro es social, por eso se habla del social brain, el cerebro social. Cuando alguien queda atrapado en un mundo virtual, difícilmente podrá adquirir la felicidad verdadera, que repito, solo se puedo adquirir en un mundo real y es ahí donde nos damos cuenta de que la felicidad tiene un precio y eso quiere decir que requiere un esfuerzo que venga desde dentro del interesado o de la interesada. Hacer un bien a alguien repercute muy positivamente en la buena salud del que está haciendo ese acto de solidaridad.

El psiquiatra y escritor norteamericano Karl Menninger vivió casi hasta los cien años, y antes de morir, en 1990, le preguntaron qué le recomendaría a una persona que sufriera una depresión. Él contestó: “salga de su casa, cruce las vías del ferrocarril, encuentre a alguien necesitado, y haga algo por él. Libérese del yo por un tiempo, y empezará a sentirse mucho mejor”.