Acordémonos como en el Antiguo Testamento con motivo de la muerte de una persona, se sostiene que desciende al Scheol, al lugar de la incomunicación con Dios, en griego se diría al Hades. Símbolo de Abandono, de Aislamiento. ¡Falta de relación! 

Pero el Nuevo Testamento nos llena de esperanza sobre todo después del acontecimiento del misterio Pascual con Jesucristo ya que desde entonces sabemos que la muerte física ya no es la entrada en la Scheol, ese lugar tan siniestro y tenebroso sino que es entrada en la casa del Padre, es entrar en la unión intima con Abba (papá), mi padre Dios que nos espera con los brazos abiertos.

¿Cómo Jesucristo me libera del pecado?

Pero el interesado podría seguir preguntando: ¿Como es posible que un ser humano, una persona que se parece a mi en todo excepto en el pecado, de un manotazo de una vez y por siempre haya podido transformar la puerta al Scheol en el camino hacia el Padre? Y además me interesa saber ¿ qué es lo que ha hecho Jesucristo para todos los hombres de todos los tiempos? ¿como es posible que Jesucristo me libere del pecado para hacerme Hijo de Dios?

Para contestar debidamente quiero hacer referencia a unas palabras de Benedicto XVI en su primer tomo del libro Jesús de Nazaret. Allí escribe: La cruz es la verdadera “altura”, la altura del amor hasta el extremo (Juan 13,1); en la cruz, Jesús se encuentra a la “altura” de Dios, que es Amor. Allí se le puede “reconocer”, se puede comprender el “Yo soy”. La zarza ardiente es la cruz. La suprema instancia de revelación, el “Yo soy” y la cruz de Jesús son inseparables”.

¡Esta cita de Benedicto XVI nos está diciendo que todas las imágenes que los hombres nos hallamos podido hacer de Dios, en el Gólgota se van al traste!

La contestación del Creador al pecador viene a través de la Cruz

Hablar del poder divino significa entender la debilidad del Crucificado ya que en la Cruz el Padre ha explicado en qué consiste su poder. Su poder se identifica con un amor que prioriza dejarse flagelar, dejarse coronar con una corona de espinas y dejarse crucificar por encima de tener que forzar a alguien para poder conseguir algo. En realidad, se trata siempre de dar cabida a Jesucristo en nuestro corazón y esto lo podemos entender quizás mejor apoyándome para ello en algunas consideraciones que en su tiempo había hecho la que ahora es venerada como patrona de Europa: Edith Stein.

Ella sabía muy bien que existe la realidad del pecado que Dios no quiere de ningún modo pero que no puede ser erradicada sin más, porque presupone la existencia de la libertad. Si Dios pudiese hacer inocuo todo el mal que produce el pecado entonces la libertad dejaría de ser tal libertad. Edith Stein conocía perfectamente el famoso reproche que Friedrich Nietzsche hacía sobre los judíos a los que acusaba de haber inventado el pecado y la culpa. Detrás de la persecución de los judíos se hallaba el intento de querer eliminar toda responsabilidad ante Dios ya que los judíos representan a Yahweh​  o a la Torá, es decir, a una institución que claramente se oponía a la divinización de cualquier poder terrestre. 

Lo más característico y “totalmente otro” y novedoso tanto del judaísmo como del cristianismo se puede encontrar en el hecho bíblico de que Dios es experimentado como aquel que actúa. Dios Busca al hombre y lo sigue y lo acompaña, o, mejor dicho, lo quiere acompañar, una y otra vez con todas las extravagancias de un enamorado.

Pero alguno podría estar preguntándose, pero ¿qué es el pecado? Pregunta a la que daremos respuesta en el siguiente post…