La empatía es esencial para todo ser humano

La lectura de libros nos ayuda a comprender la perspectiva de los demás y sirve con frecuencia como antídoto contra un gran número de prejuicios y de miedos. Es precisamente con motivo de la lectura de un buen libro o de conversaciones espontáneas y sin un objetivo establecido, aquellas en las que jugamos con las ideas, en las que nos permitimos estar plenamente presentes y ser vulnerables, en las que florecen la empatía y la intimidad y en las que la acción social gana fuerza.

La empatía, según la gran filósofa alemana Edith Stein, es el conocimiento inmediato de la vivencia del otro. Esto quiere decir que el conocimiento de la vivencia ajena contiene la tendencia a sentir-con el otro; algo así como el hacerse cargo de la alegría o tristeza de otra persona que nos conduce a sentir esa tristeza o alegría que embarga o llena al otro. Se trata, por lo tanto, de un conocimiento inmediato del otro, no de una deducción lógica concluyente en el estado de ánimo o el modo de ser de la otra persona. Mediante la empatía percibo inmediatamente la vivencia del otro, me traslado a su mundo interior, a su estado de ánimo. Saber lo que otro está pensando o sintiendo siempre apunta nuevamente a un tipo de actos vivenciados, que son aprehendidos

Introducirse en el mundo emocional de otras personas

Esta expresión nos recuerda las experiencias de Stein como enfermera militar, ejerciendo funciones para las que era de vital importancia la conciencia del sufrimiento y de la angustia de los heridos. En su disertación sobre la empatía (Einfühlung) nos dice que nuestros juicios sobre lo que alguien está pensando o sintiendo siempre pueden estar equivocados. Se sentía capaz de escribir sobre la empatía al menos en parte por su propia conciencia empática y por las distinciones que tuvo que hacer. Su experiencia como enfermera, por ejemplo, le enseñó cómo un paciente puede engañar, con o sin intención.

Pues bien, el saber cambiar de perspectiva y saber introducirse en el mundo emocional de otras personas es una de las cosas más importantes que se aprende a través de la lectura de un buen libro, sobre todo al leer y analizar encuentros detallados y por tanto enriquecedores con diferentes personas. 

El encuentro

El gran teólogo alemán Romano Guardini al hablar de la importancia del encuentro, insiste en la capacidad humana de que nuestros limites pueden ser superados por la participación en la vida del otro, por la comprensión o también por el reconocimiento. Un “yo” se dirige hacia un “tú” y de este modo se prepara con la atención dirigida a la otra persona. Con ese movimiento nos distanciamos de nosotros mismos para comprender mejor que ante nosotros tenemos otro centro de gravedad totalmente diferente a nuestro “ego”. 

La lectura del libro nos ayuda a distanciarnos y alejarnos de nuestro propio yo intentando penetrar con la imaginación en la esencia y misterio de la otra persona que estamos contemplando. Nos olvidamos en cierto modo de nosotros mismos buscando la singularidad de la otra persona que está ante mí, y esto ocurre con una imaginación silenciosa pero llena de vida pulsante. Es como si en un determinado momento, un objeto o una persona apareciera en un horizonte lleno de nuevo sentido. Y eso que era un objeto más, o una persona más, cobra inusitadamente una nueva importancia, como si se nos revelase su esencia y llegásemos a comprenderla mucho mejor.

El poder de la empatía

La investigadora Maryanne Wolf nos narra en uno de sus libros como una niña adolescente, de gran belleza acudió al director de un grupo de teatro para pedirle ser actriz en una de las obras de William Shakespeare. Esto no tendría nada de llamativo excepto el hecho de que esta chica sufría una fibrosis quística que afecta principalmente a los pulmones y con muy escasa expectación de vida. El profesor otorgó a la joven paciente el rol de Julieta en la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta. La chica consiguió casi en una sola noche aprenderse de memoria el contenido de la obra convirtiéndose en la perfecta Julieta. Como si hubiese representado la obra más de cien veces.

Pero el efecto más sorprendente fue, que después de representar magistralmente la heroína de Shakespeare, cada vez con mayor profundidad emocional, con más pasión y con más fuerza, en contra de toda expectativa y pronósticos médicos, pudo estudiar medicina y artes escénicas donde actualmente sigue interpretando el rol de diferentes figuras teatrales.

Conviene recordar que todos llevamos dentro de nosotros un “medico interno” (estado de ánimo) con una estimación y apreciación de la enfermedad propia que los profesionales de la medicina deberían tener muy en cuenta. Buscar y aliarse con el “médico interno” del paciente mediante una conversación empática significa contar con un gran aliado en el proceso de curación. El médico empático sabe descubrir al “médico interno” del paciente, que es fundamental, a partir del conocimiento de su estado de ánimo y de su actitud interior ante sus dolores y síntomas. Con la medicina tecnificada se corre a veces el peligro de querer ir rápidamente al grano, sin contemplaciones. Pero este modo de actuar solo se puede justificar en los casos de urgencia.