Lecturas para el verano

Artículo publicado por Antonio Garrigues Walker en la Revista Fuera de Serie de Expansión, el 4 de julio de 2019
Antonio Garrigues Walker es un jurista español y presidente de honor del despacho de abogados Garrigues

Me alegra la idea de recomendar libros aun reconociendo que cada persona tiene su yo y su circunstancia, sus valores y querencias y su grado de cultura y conocimientos. Todo ello sumado afecta decisivamente a sus gustos y “disgustos” en cuanto a lecturas, un tema sobre el que hay demasiado escrito.

Por si alguien puede interesarle mi caso y valorar mejor mi recomendación, les informo que soy de los que leen varios libros al mismo tiempo, y de los que dan preferencia absoluta a la poesía y sobre todo a los ensayos de todo género sobre las novelas y de los que abandonan sin piedad y para siempre un libro cuyas tres o cuatro páginas primeras no le “entran” y en especial las traducciones infames.

Debo añadir que me gusta que me recomienden libros. Hay amigos que siempre han acertado plenamente como lo hacen las cadenas de distribución masiva que cuando compras un libro te sugieren otros que también te atraerán. Me preocupa sin embargo el momento en el que a través del “dataísmo” nos anticipen con exactitud dolorosa las lecturas de obligado cumplimiento y eliminen así el casi erótico placer del error.

Aunque hay algunos más me voy a concentrar en tres. “The Knowledge Economy”, del brasileño Roberto Mangabeira Unger, un filósofo y abogado educado en Harvard, en el que explica las consecuencias de la producción industrial en cadena, los nuevos productos tecnológicos y el cómo lograr ampliar este nuevo modelo económico a más ciudadanos y corregir los déficits de la desigualdad. Es un libro positivo que espero tenga pronto una versión en español.

El segundo libro es de Alfred Sonnenfeld, que llevan título y subtítulo: “Serenidad”, “La sabiduría de gobernarse”, y lo recomiendo con intensidad, la misma que él aplica a convencernos de que la serenidad es la clave necesaria de la felicidad y de cómo la ética tiene que estar en el centro de nuestro comportamiento. Es, entre otras cosas, un neurobiólogo y sabe cómo utilizar esta ciencia para alcanzar los objetivos indicados. El lector gozará de esta lectura desde las primeras líneas en las que define la serenidad como “la paz en la adversidad, la calma en la dificultad”.

Y el tercero, “Identidad: La demanda de dignidad y las políticas del resentimiento”, de Francis Fukuyama, en donde se señala el peligro de los movimientos identitarios agresivos que conducen a formas de supremacismo y facilitan el desarrollo de un populismo degradante.

La lectura simultánea o sucesiva de estos tres libros confundirá al lector, lo cual es cosa buena, y le obligará a repensar sobre todo sus prioridades auténticas que es un ejercicio que olvidamos o postergamos con demasiada facilidad. Y por si fuera poco iluminará nuevas opciones de vida y descubrirá muchas y distintas oportunidades. Pero, que nadie se asuste, todo ello con suavidad y con cierta ternura.