(Conferencia pronunciada en el Acto de Clausura del curso 2018-2019 del Centro de Estudios Garrigues)

Lo que transforma el mundo es el cerebro humano. Es la mente humana, las ideas. No son los ordenadores ni la tecnología. No son los datos. Es el cerebro creativo.

Trataré de defender y argumentar esta idea contestando a dos preguntas sumamente ambiciosas:

  1. Vivimos en la sociedad del Big Data  y el big data mining. Los datos parecen ser el nuevo petróleo; queremos optimizar esos datos y hacerlos más productivos. Pero…… ¿No son las ideas las que de verdad transforman el mundo? ¿Son lo mismo los datos que las ideas? ¿Qué los diferencia?
  2. ¿Qué hace falta no sólo para tener ideas, sino para tener ideas geniales? ¿Qué ocurre en la mente de un ser humano que crea una obra genial, capaz de superar los límites de una vida mortal, transformando el mundo y perdurando en la historia?

Y, para responder a estas dos preguntas trataré dos grandes temas: En qué se diferencia la mente humana de un ordenador y en qué consiste el misterio de la creación intelectual.

 

¿Son lo mismo los datos que las ideas?

Comencemos con la primera pregunta y para ello les invito a hacer conmigo un viaje al interior del cerebro humano donde podemos detectar un cosmos maravilloso lleno de actividad. Tenemos aproximadamente 100 mil millones de neuronas en nuestro cerebro y cada una de ellas está unida, a través de las sinapsis neuronales, con otras 10.000. Es precisamente aquí, en las sinapsis neuronales, donde está la clave para entender lo que conocemos con el nombre de aprender. 

Aprender significa neurobiológicamente, que entre las neuronas se establecen nuevas uniones o bien que las antiguas son reforzadas y aumentan de peso, algo que sabemos desde el año 1999 cuando fue publicado por primera vez en la revista científica Nature.

Ahora mismo, en el cerebro de cada uno de Ustedes, se están uniendo y reforzando las distintas neuronas de su cerebro y está ocurriendo, en todos Ustedes, de modos diferentes. 

 

Nuestro cerebro se halla constantemente en actividad

La arquitectura cerebral está en ebullición constante, también durante el sueño, y eso, hasta que nos muramos, hasta tener un EEG plano. Además, la neurogénesis está produciendo nuevas neuronas, se establecen nuevas conexiones, reestructuraciones, modelaciones, pero también, nuevos desmoronamientos, desapariciones, degeneraciones etc…

Si hoy preguntamos a la gente, cuáles son los recursos más importantes para el ser humano, la contestación que solemos obtener es: Datos. Cuántas empresas existen hoy en día que acumulan datos y más datos, y eso, de forma compulsiva. 

PERO OJO: Los datos no son suficientes para describir una idea

Los datos tienen un pasado, y no necesariamente un futuro. Además: no olvidemos que los datos se pueden medir, pero las ideas no se pueden medirHoy podemos buscar en internet datos e informaciones, estar hiper-informados, …pero disponer de información no es lo mismo que SABER y mucho menos que COMPRENDER algoLo aprendido se puede olvidar, a veces incluso muy fácilmente, pero lo comprendido está más anclado en las redes neuronales.

En internet podemos buscar datos, pero no ideas y tampoco conocimientos porque eso es lo específicamente humano, que va surgiendo en nosotros al cambiar el modo de pensar… Llegar a adquirir nuevas ideas y nuevos conocimientos sobre todo durante la conversación con otras personas que piensan de modo diferente, en un buen equipo de trabajo, etc. Por eso se dice que el cerebro es social: social brain.

Muchas veces se ha dicho que el cerebro es algo así como un potente ordenador que apenas comete fallos, pero un cerebro sí que comete fallos. Y este hecho podría llevarnos a la conclusión de ser pequeños gusanitos comparados con esos nuevos ordenadores y efectivamente, este símil no se aleja mucho de la realidad.

Sin embargo, si observamos con más detalle la diferencia entre un cerebro y un ordenador, pronto nos daremos cuenta de que existen diferencias mucho más esenciales y de que la principal actividad del cerebro no consiste en solucionar operaciones de cálculo, como hace constantemente el ordenador (input, procesamiento y output) 

Tener nuevas ideas significa atreverse a contribuir a crear nuevas regulaciones, nuevos patrones, nuevas medidas, saltarse normas antiguas para probar nuevas posibilidades y quizás llegar de ese modo a nuevas ideas brillantes.

 

El cerebro no hace downloads. 

El cerebro no guarda los datos de un modo monótono y aburrido como lo hace un ordenador. El cerebro no nos dice: ya no puedo almacenar más, se acabó mi capacidad de almacenamiento

Es más, si yo les hiciese la pregunta, cuál de los dos cerebros aprende más rápidamente un nuevo idioma, el que ya sabe 4 idiomas o el que tan solo sabe uno, la contestación sería unánime: el cerebro que ya sabe cuatro idiomas aprende más fácilmente otro nuevo. 

 

El cerebro no es un disco duro.

Para que el cerebro asimile algo nuevo ha de prestar atención y concentrarse. Para adquirir nuevos conocimientos hay que esforzarse, involucrarse, poner la carne en el asador y de este modo las neuronas dialogan entre sí y las uniones entre ellas, las sinapsis neuronales van, como les decía, aumentando de peso. 

Para retener mejor las cosas es muy bueno y conveniente aprender con entusiasmo, con ilusión. Y, sobre todo, COMPRENDER de verdad lo que están trabajando. ¡¡Saber de verdad de qué va eso, que llevamos entre manos!! Es entonces cuando estamos regando nuestro cerebro con un goteo como los terrenos de regadío del que salen sustancias mensajeras neuroplásticas a borbotones y se produce lo que se conoce con el nombre de estado cerebral del Flow. Esta situación se caracteriza por el hecho de que nos entusiasmamos con lo que aprendemos, de tal modo que nos sumergimos totalmente en la materia que trabajamos y de modo, podríamos decir, totalmente happy¡¡¡No estamos ya en nosotros mismos sino en la materia en sí!!! Bei der Sache sein

Esto, no tiene nada que ver con lo que hace un ordenador cuando desarrolla cálculos de inteligencia artificial mediante complejos análisis estadísticos mal llamados de “redes neuronales”. Nuestro cerebro está, por así decir, en un plano muy superior y cualitativamente muy diferente.
¿Qué hace falta no sólo para tener ideas, sino para tener ideas geniales?

Provistos de estos conocimientos de Neurobiología podemos abordar ahora la segunda pregunta que es más difícil de contestar ya que queremos entrar ahora en el cerebro y en todo el ser humano, no solo morfológicamente, sino también mentalmente o, como se diría en alemán, espiritualmente.

Y para ello ponemos el foco en aquellos trabajos que han conseguido superar los límites del tiempo y de la muerte, tales como una nueva melodía, una nueva sinfonía o un RELATO maravilloso y que se han grabado en la memoria de miles de millones de personas

Por medio de un Cervantes, de un Rembrandt, o de un Mozart, lo inmortal se ha hecho visible a nuestro mundo transitorio.

Pero: ¿En virtud de qué tipo de creatividad se ha posado un rayo de eternidad en una persona para hacerse inmortal en sus trabajos? Es una pregunta que probablemente la mayoría de Ustedes, aquí presentes, se habrá hecho alguna vez.

La pregunta que surge nuevamente es: ¿Qué sucedió en una persona igual que yo, un simple mortal que consigue llevar a cabo una obra inmortal y eso, tan solo con unos pocos colores, con unas pocas notas, con unos cuantos centenares de palabras? ¿Qué sucedió en el mundo interior de esas personas, sobre todo en su cerebro en esas horas de la creación?

Mientras el artista está fuera de sí mismo mientras produce, ¿dónde se encuentra? La contestación es muy simple: está en su obra. Es capaz en ese estado de concentración absoluta, de olvidarse de tal modo de sí mismo que está en su obra. No importa que esté en el autobús, andando por la calle o tomando un café. 

Está inspirado, está viendo con los ojos del espíritu. ¡Está viendo más! No solamente lo empírico, lo que está delante de sus ojos. La realidad abarca mucho más que aquello que vemos con los ojos empíricos. Abarca mucho más que los datos cuantificables.

Detrás de una sonrisa vemos mucho más que los movimientos de ciertos músculos, de los 42 músculos que tenemos en la cara. Somos capaces de ver en esa sonrisa el alma de esa persona. Toda la vida de Leonardo da Vinci se redujo, como él decía, al sapere vedere”. ¡¡¡Saber ver!!!

Pero no basta con que el artista esté inspirado para que produzca.

Debe además trabajar y trabajar con intensidad para llevar esa inspiración a la forma perfecta. Podríamos decir, haciendo referencia al escritor austríaco Stefan Zweig: inspiración y trabajo, deleite creador y tormento creador. ¿Pero de dónde proceden esas ideas? ¿De qué profundidades del consciente o del subconsciente o de qué altura del cielo proceden esos rayos divinos, rayos de eternidad que de repente resplandecen en el genio creador?

Sabemos que resplandecen con ese brillo maravilloso tan solo unos instantes y al apagarse comienza para el artista el trabajo duro

Es cierto que se suele afirmar que las composiciones de Mozart parecían haber sido escritas con mano fácil, ligera y graciosa, y que le resultaban fáciles.

Pero qué contraste con los esbozos y manuscritos de Ludwig van Beethoven, difíciles de leer, cada uno de ellos como un campo de batalla. Beethoven luchaba por su genio como nos cuenta el libro del del Génesis, como Jacob con el ángel hasta que le concediera lo sublime y lo supremo. Cuántos tomos de trabajos preliminares trazando las notas con un lápiz grueso que parecía de carpintero y todo ello superando su sordera tremenda que estuvo a punto de llevarle al suicidio. Así lo dejó plasmado en su famoso testamento de Heiligenstadt. “Pero por amor al arte, por amor a la virtud y por amor a su Dios Creador”, así lo dejó escrito, no sólo no se suicidó, sino que, al contrario, como el ave Fénix resurgió de sus cenizas, para dejarnos una música cuya composición sinfónica no ha sido superada. Beethoven ha sido rompedor en el arte de la música

 

El cerebro humano comete errores

Los ordenadores actuales apenas cometen errores, pero el cerebro humano sí. Y me atrevo a afirmar que, si no cometes ningún fallo, tan solo llegarás al lugar para el que estabas programado. Tener una o muchas ideas geniales no es equivalente a solucionar infinitud de operaciones de cálculo y eso a pesar de que muchas películas de Ciencia-ficción nos lo repiten por activa y por pasiva. 

Ser rompedores de reglas y aportar nuevas ideas a la Humanidad es algo que requiere mucho empeño y, como diría el premio nobel de física Albert Einstein, se necesita una gran curiosidad pasional lo cual nos llevará a entender mejor lo que tenemos entre manos. 

Cuando vamos conociendo los detalles de un genio de la ciencia o del arte y sus verdaderos sufrimientos de parto para alumbrar una nueva idea, tanto más lo admiramos por su inconmensurabilidad, es decir, por algo tan grande que no se puede medir.

Recordad siempre la máxima de la neurobiología:  “use it or lose it”.   Usa tu cerebro o lo perderás. Crea, no solo almacenes.

Propón ideas geniales, nuevos planteamientos, nuevos horizontes. Pero siempre pensando en devolver a la sociedad todo lo que ésta te ha dado. Siempre pensando en crear el bien a tu alrededor. 

Porque esto, no sólo ayudará a hacer un mundo mejor, sino que hará que tu cerebro se sienta más a gusto, más feliz.