Max Beckmann, uno de los pintores alemanes más importantes del siglo XX hizo una vez el siguiente comentario: “Entenderemos mejor lo invisible cuanto más consigamos profundizar en lo visible”. Lo mismo podríamos decir de nuestra mirada a Jesucristo. Cuanto más consigamos penetrar en su Humanidad, en sus gestos, en sus actuaciones, en sus palabras, en su vida, en su muerte y en su resurrección, tanto más y mejor captaremos y profundizaremos en el misterio de su persona.

Y esto es precisamente lo que Joseph Ratzinger en su libro Introducción al cristianismo denomina una peculiaridad del escándalo cristiano: tratar de describir lo indescriptible. En contra de lo que a primera vista se pudiese pensar, la fe cristiana no trata simplemente de lo Eterno como de lo absolutamente Otro como si quedase fuera del mundo y del tiempo humano. ¡No, así no ha de entenderse la fe cristiana! A la fe le interesa la actuación de Dios en la historia, la actuación de Dios como hombre. 

De lo eterno a lo temporal

La fe cristiana quiere ayudarnos a superar el abismo tan grande que existe entre lo eterno y lo temporal, entre lo visible y lo invisible. Lo eterno es introducido en nuestro mundo. Así leemos en el prólogo de San Juan 1,18:” A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, él mismo lo dio a conocer”. Estas palabras nos están recordando que es el mismo Jesucristo el que nos ha explicado a Dios o, como dice más drásticamente el comienzo de la primera carta de San Juan, que es el mismo Jesucristo el que nos hace accesibles a Dios, a nuestra vista y a nuestro tacto, y, de este modo AQUEL, a quien nadie vio, entra ahora en contacto histórico con nosotros. 

Probablemente haya sido el concilio de Calcedonia del año 451 el que haya contribuido con mayor rigor a la corrección de varias preguntas cristológicas. Su afirmación central es: Jesucristo es verdadero Dios y hombre, sin confusión, sin separación.

Jesucristo: Dios y hombre

Pero, así se pregunta mucha gente, ¿porque es tan importante que Jesucristo sea sin restricciones Dios y hombre? La contestación es inicialmente sencilla. Si Jesucristo tan solo fuese un hombre, entonces no hubiese tenido poder sobre la muerte ni nos hubiese perdonado los pecados.

Imaginémonos que alguien en una zona peatonal por ejemplo en la Calle Preciados de Madrid se acerca a ti con un micrófono en la mano y te pregunta ¿Qué ha hecho Jesucristo por ti hace 2.000 años? Ya que al parecer Dios envió a su Hijo a esta tierra, pero no únicamente para que le imitemos o para aprender cosas de él, sino sobre todo para liberarnos del pecado y de la muerte ¿Y esto qué quiere decir? Y sobre todo ¿Cómo lo ha hecho?

Podríamos contestarle que Jesucristo ha transformado la muerte física. ¿Cómo? Te lo contaré en el próximo artículo…